3. INSERCIÓN SOLICITADA POR EL SEÑOR DIPUTADO CIAMPINI

Adopción de diversas medidas tendientes a cancelar deuda en cesación de pagos

El día de hoy nos encontramos nuevamente ante una encrucijada como antes nos hemos encontrado en nuestra historia. ¿Podemos ser un país libre y soberano económicamente hablando? ¿Podemos decir que somos un país políticamente independiente cuando nuestras decisiones económicas dependen de otros países del mundo?
He escuchado en los últimos días a muchos expositores hablar de números, pero yo entiendo que como expresa el economista Alfredo Zaiat, la economía es política y suprimir “política” tuvo un motivo político esencial: fue el comienzo de la hegemonía ortodoxia y de la ola neoliberal a nivel mundial. Las clases propietarias y los banqueros extranjeros fueron tanto en el XIX como en el XX los principales protagonistas y beneficiarios del negocio del crédito internacional.
Utilizaron las finanzas estatales como un eficaz vehículo para la promoción de intereses privados, para el enriquecimiento personal y para la consolidación del poder.
Entre 1820-1825 el préstamo de las Provincias Unidas del Rio de La Plata con la Casa Baring Brother, se terminaría de pagar ochenta años más tarde y por el empréstito de 2,8 millones de pesos se terminó pagando 23,7 millones, es decir, prácticamente 8 veces más.
El segundo ciclo crediticio de nuestra historia fue entre 1860 y 1890 donde la fiebre ferroviaria, a su vez, empujó a un aumento del valor de las tierras atravesadas por las redes. Esta modalidad de inversión, que se prestó a numerosas maniobras especulativas, terminaría desembocando en lo que se denominó la Crisis de 1890 y fue una crisis anglo-argentina. Nuevamente la casa Baring Brothers fue responsable de esta maniobra.
Los banqueros europeos propusieron al Gobierno de Juárez Celman un remedio que no favorecía al gobierno: consolidación de la deuda, suspensión de nuevos empréstitos durante diez años, suspensión de la emisión de papel moneda y una drástica reducción del gasto público. Con el estallido de la crisis, el Estado argentino entró en cesación de pagos y se declaró en bancarrota, de la cual saldría recién varios años después.
En la siguiente etapa histórica, el pensamiento económico que sustentó a los gobiernos peronistas, entre otras cosas consideró siempre a la recuperación de la deuda externa argentina como una singular y simbólica demostración de poder e independencia en la toma de decisiones. El período 1947-1951 indica una tendencia a la baja en las tasas de interés ―en consonancia con la estabilidad económica― y una marcada disminución de la deuda externa que se salda completamente en 1952, con el pago de m$n 12 649 471 perteneciente a las dos últimas cuotas semestrales del empréstito argentino-británico contenido en el convenio Roca-Runciman (1933). Se gestó entonces una situación inédita en la historia argentina desde el préstamo Baring Brothers de 1824.
El tema acompañaba cada alocución presidencial desde 1946 y es uno de los puntos centrales del "Acta de Independencia Económica" consagrada en Tucumán el 9 de julio de 1947.
Tras el derrocamiento de Perón en el golpe de Estado de 1955, la autodenominada revolución libertadora incorpora el país al FMI y al Banco Mundial en 1956. El nuevo gobierno dirigido por el general Pedro Eugenio Aramburu, intenta reactivar el flujo de comercio, para lo cual adquiere un nuevo préstamo externo destinado a financiar importaciones desde Europa. Así se contrata con varios bancos europeos un crédito de 700 millones de dólares, que se suponía podría ser amortizado en el transcurso de un año.
Pronto resultó evidente que era imposible para el gobierno cancelar en un plazo tan corto el préstamo. Ante esa situación, el ministro de Finanzas francés invitó a los 11 países acreedores de la Argentina a reunirse en París para analizar la refinanciación de la deuda externa. Dicha reunión se realizó entre el 14 y el 16 de mayo de 1956, da origen a lo que sería conocido como el Club de París.
Al finalizar la dictadura militar Argentina se encontraba en default, y la deuda externa había crecido.
En el período militar entre Juan Carlos Onganía y Alejandro Agustín Lanusse (1966-1972) la deuda externa argentina se incrementó desde los 3276 millones de dólares a 4800 millones, o sea, tuvo un incremento del 46 por ciento.
Durante el gobierno de Frondizi, la economía de mercado, propugnada por el entonces ministro de Economía Álvaro Alsogaray, insistió en la necesidad de llevar el proceso de liberación hasta las últimas consecuencias, para preservar la estabilidad y restaurar la capacidad productiva de la economía. Sin embargo, la conflictividad social se volvió insostenible desatándose numerosas y prolongadas huelgas organizadas por los sindicatos obreros.
Durante la sangrienta dictadura cívico-militar (1976-1983), la deuda trepó hasta los 45 000 millones de dólares, un 364 por ciento, con lo cual se pasó a tener una deuda per cápita de 1.500 dólares.
Durante el gobierno de Raúl Alfonsin (1983-1989) se llegó a los 58.700 millones de dólares, subiendo un 44 por ciento. En la década del gobierno de Carlos Saúl Menem (1989-1999) se elevó un 123 por ciento, con 146.219 millones de dólares. Y en el período del breve mandato de Fernando de la Rúa (1999-2001) llegó a unos 147.667 millones de dólares, subiendo un 9 por ciento.
Desde la declaración de la cesación de pagos en 2001, con una reestructuración en 2005 a contramano de las exigencias del mundo financiero, la Argentina no accedió al mercado voluntario de crédito internacional. Fue castigada por liderar uno de los defaults de duda soberana más voluminoso de la historia de países en desarrollo. Lo que más molestó y sigue molestando a los representantes de la ortodoxia económica fue que el default, con quita de capital, disminución de la tasa de interés y extensión de plazo de pago fue uno de los principales motivos para explicar el extenso ciclo de crecimiento a partir de 2003 y sin financiamiento externo.
El ahorro interno, público y privado, fue uno de los motores del crecimiento económico, sin necesidad de recurrir al endeudamiento externo. En esos años, pueden identificarse tres etapas:
1.- En 2003 – 2005, el estado de default de la deuda externa con bonistas se mantenía mientras se pagaban los compromisos con el Banco Mundial y el FMI.
2.- En 2005 – 2007, la negociación y quita de capitales de la deuda en cesación de pagos generó la retirada de los capitales especulativos de la economía argentina, además de la persistente hostilidad de los holdouts y fondos buitres. Esto derivó en un alza de la tasa de interés si Argentina quería refinanciar vencimientos de deuda, como castigo financiero. La capacidad de repago de la deuda, que es la principal variable para calificar y fijar el costo del crédito, mejoró sustancialmente.
3.- En 2008 – 2012, durante la crisis global, en 2010, hubo una reapertura del canje de bonos en default. Igual los fondos buitres mantuvieron una posición de hostilidad, del mismo modo que el mercado financiero internacional, calificadoras de riesgo y bancos de inversión censuraron a la economía argentina.
El concierto mundial no fue ajeno a esta discusión. La Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) aprobó, la iniciativa impulsada por la Argentina para frenar el accionar de los fondos buitres, que incluyó una serie de nueve principios que tienen por objetivo dar viabilidad a los procesos de reestructuración de deuda soberana encarados por países en crisis.
En una votación en la que se superó de manera amplia la cantidad de votos necesarios para alcanzar la mayoría simple que requería el proceso, el proyecto contó con el apoyo de 136 países, mientras que 41 se abstuvieron y 6 se opusieron: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Israel, Japón, Reino Unido.
La deuda soberana “es un derecho que tenemos los países para reestructurar y es una forma de poner límite a los piratas del siglo XXI que son los fondos buitre que, amparándose en la falta de una legislación global, han aprovechado y usufructuado sobre la pobreza de muchos de los países aquí presentes”, dijo el canciller Timerman el día de la Asamblea General de Naciones Unidas.
Hoy estamos como país nuevamente ante la disyuntiva. ¿Hay que volverse a conectar con el mundo? Pero la población del mundo ya se expresó a través de sus gobiernos en la Asamblea General de Naciones Unidas contra la usura internacional que llevan adelante los fondos Buitres. ¿Vamos a endeudar a las futuras generaciones de argentinos?
El gobierno nacional puede ganar con su discurso y hasta comprar a algún legislador para tener la mayoría necesaria y cumplir su cometido, pero igual que los represores ingresará en la historia negra de nuestra patria, por ser los que en solo cuatro meses destruyeron la economía del país, dejaron sin trabajo a cientos de miles de argentino y entregaron el patrimonio de los argentinos a sus amigos poderosos.
Señores diputados: hágase cargo de lo que están haciendo.


 

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