La presente ley tiene por objeto terminar con la fragilidad en la regulación existente, respecto de los clubes de barrio, en términos de derechos y obligaciones, competencias, atribuciones, cuestiones impositivas, buscando saldar así una deuda fundamental con la sociedad, ya que los clubes de barrio son escuelas de democracia.
Instituciones como éstas, abandonadas a su suerte, es abandonar a los chicos, a las familias, y al conjunto de la sociedad.
Buscamos, mediante el debate de esta iniciativa que seguramente se convertirá en ley, proteger el desarrollo deportivo, social, y cultural. Además, es un mecanismo de prevención de la violencia. El deporte es cultura del encuentro. Los clubes proveen eso: la disciplina y el esfuerzo, el respeto a las reglas, y fundamentalmente sirve para el desarrollo humano del país.
Sus objetivos, entre otros, son promover el desarrollo de los clubes de barrio, su crecimiento y fortalecimiento a nivel institucional, darle entidad jurídica propicia y marco regulatorio adecuado, para garantizar su continuidad en el tiempo, sostenibilidad económica, y legal.
Fundamentalmente, está ley ampara bajo el brazo de las leyes a todos los clubes de barrio, que cumplen un rol importantísimo en las comunidades, pueblos y ciudades, con una gran incidencia en la inclusión social y el desarrollo de la sociedad de nuestro país, ya que es un club de barrio, una institución donde se construyen lazos, se entablan relaciones de amistad, se establece el trabajo en equipo y el compañerismo.
Por lo expuesto, es muy valioso la labor que desempeñan los clubes de barrio, y por ello necesario una ley nacional, que proteja y garantice su funcionamiento en pos de una sociedad que garantiza los derechos de sus habitantes, y el trabajo con los sectores sociales más vulnerables para que puedan tener acceso a la igualdad de oportunidades.