34. INSERCIÓN SOLICITADA POR EL SEÑOR DIPUTADO THOMAS

Fundamentos del rechazo del señor diputado al dictamen de mayoría de la Comisión de Presupuesto y Hacienda en el proyecto de ley del Poder Ejecutivo sobre presupuesto general de la administración nacional para el año 2014

No voy a redundar en todos los conceptos técnicos que ya han sido harto hablados durante la sesión. Voy a hablar de las provincias y sus ciudadanos. Es decir, de la mayoría de los argentinos que son los verdaderos perjudicados por los dibujos presidenciales. Dibujos que ya no convencen a nadie y son insultantes.
Estos proyectos que tratamos esconden un centralismo más grande que sólo se circunscribe en la mesa chica presidencial. Me gustaría que me digan a quién creerle. Y que sobre todo le digan a la gente qué es lo que realmente van a hacer.
Porque dijeron que no les importaban los dólares. Que querían que los argentinos atesoren en pesos. Sin embargo, desesperados, recurrieron al blanqueo. Hoy, a días de terminar, sólo juntaron 200 millones de dólares. Ustedes habían dicho que llegarían 4.000 millones.
En el 2011 dijeron que el dólar iba a llegar a 4.10, llegó a 4.30. Para el 2012 estimaron el dólar en 4.40, terminó en 4.90. Para el 2013 lo ubicaron directamente en 5.10. En las proyecciones siguientes lo ubicaban a $ 5,47 en 2014 y a $ 5,92 para 2015. Hoy está casi en 5.80, cerca de las proyecciones para 2015. Ahora nos dicen que va a estar en $ 6.33 para el año que viene….
La presidenta, como otros tantos, se jacta de no haber aumentado nunca un impuesto, pero desde que es mandataria la presión tributaria aumentó un 30 %. Además le transmiten esa carga a las provincias que al no recibir lo que les corresponden no les queda otra que aumentarlos. Y como si fuera poco, aplican el peor de los impuestos, el que ataca silenciosamente: el impuesto inflacionario.
El propio candidato oficial en la provincia de Buenos Aires reconoce que la inflación es mayor a la que proyecta el INDEC. Sin embargo aquí ustedes la toman sin ningún tipo de objeción. Cómo creerles si ni entre ustedes se ponen de acuerdo. Tenemos un ministro de Economía que se quiere ir cuando le preguntan al respecto. Al candidato oficial que dice que no son cifras reales pero que el presupuesto nacional está todo en regla.
¿Entonces, a quién tenemos que creerle?
En el 2010 la presidenta hablaba del país real y el país virtual distorsionado por los medios. Yo no sé qué significado le atribuyen a las cosas ustedes pero este presupuesto es una clara manifestación del país virtual, en donde crecen los fondos para el relato y la propaganda oficial y caen las inversiones reales en cuanto a salud, infraestructura y seguridad.
Es ese país real al que usted adhiere, el que dicen estar llevando maravillosamente a cabo. Es el mismo que les respondió en las últimas elecciones con una derrota electoral en 15 provincias pero, nobleza obliga, con una apabullante victoria en la Antártida.
Es ese país real al que lo carcome la inflación mientras los trabajadores virtuales, a los que no quieren reconocer, penan para llegar a fin de mes. Es el país en el que el encargado de recaudar los impuestos puede aumentar 50 veces su patrimonio y comprarle autos de alta gama a sus hijos, mientras que hay jubilados que mueren esperando que la ANSES les pague lo que les corresponde.
Hoy fundamentan sus acciones en contraposición a un pasado ficticio. Se erigen como los mesías del post Apocalipsis del 2001, vengadores del demonio del neoliberalista menemista. Ese mismo demonio que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner defendía y se apropiaba por sus logros económicos en su alocución durante la Convención Constituyente de 1994:
“Sería injusto hablar únicamente desde la consigna o desde la mera crítica sobre este modelo. Debemos reconocer también sus logros. No podemos obviar que cuando recibimos el gobierno en 1989 éramos un país fragmentado, al borde de la disolución social, sin moneda, y con un Estado sobredimensionado que como un dios griego se comía a sus propios hijos.
“Entonces hubo que abordar una tarea muy difícil: reformular el Estado, reformarlo; reconstruir la economía; retornar a la credibilidad de los agentes económicos en cuanto a que era posible una Argentina diferente. Se hizo con mucho sacrificio, pero se logró incorporar definitivamente pautas de comportamiento en los argentinos: estabilidad, disciplina fiscal; todos ellos son logros muy importantes”
¿A quién hay que creerle, a la Cristina menemista o a la Cristina kirchnerista? Creo que es importante que la gente sepa quiénes son los que les hablan.
Porque nos hablan de desendeudamiento y de las medidas contracíclicas, de la liberación del pasado mientras este gobierno disfraza sus cuentas financiándose a sí mismo. La deuda intraestatal no para de crecer. ¡Y eso en algún momento lo vamos a pagar! Los números actuales aún serían aún peores si no contaran por ejemplo con las transferencias realizadas desde el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES, desfinanciando el sistema previsional o con las transferencias que realizan desde el PAMI, los fondos de pensiones militares y a cuanto organismo puedan recurrir.
Porque son las provincias las que sufren la oscuridad de los conceptos planteados en el presupuesto nacional. Son sus habitantes los que deben cargar con esta fiesta desproporcionada de asignación defectuosa de los recursos. Porque ven que cada vez todo cuesta más. Porque les prometieron una cosa e hicieron completamente lo contrario.
Esa presidenta que cuando era legisladora hacía una defensa de los logros menemistas de la primera década, muy similar a la defensa que hoy realizan desde el oficialismo con la “década ganada”. Es la presidenta de los 40 millones de argentinos a los que les dice con este texto que no piensa en reconocer sus problemas.
Y después desde un atril esa misma presidenta de la Nación y la presidenta de la bancada oficialista nos piden que actuemos con “responsabilidad”. Nuestra responsabilidad es con el pueblo; es decirles las mentiras que se esconden detrás de este entramado de números. Nuestra responsabilidad, como la de ustedes, es debatir. Irresponsabilidad es aprobar un presupuesto que ni ustedes pueden modificar porque tienen la orden de aprobarlo tal cual está.
Pero vuelvo al tema de las provincias, las que sufren el centralismo de la caja. Las que conllevan años de atrasos en materia de coparticipación.
Ya lo vivimos cuando el vicepresidente calificó como una “cobardía política” el reclamo del gobernador bonaerense por una nueva ley de coparticipación. Eso nos da la pauta de que el federalismo es tan ilusorio para este gobierno como el hecho de pedirle a Moreno que entienda de economía.
En el mismo sentido, Aníbal Fernández pidió en esa oportunidad a Scioli que "antes de reclamar" un mayor porcentaje de coparticipación federal mire "para adentro", al considerar que la distribución de la recaudación tributaria en la provincia "es horrible".
Sin embargo, es la propia presidenta la que reclamaba en 1996, en este mismo recinto “que no se siga estigmatizando a las provincias como las causantes del caos nacional o del déficit fiscal”.
“En las provincias viven ciudadanos argentinos. No puede haber un buen resultado para un gobierno nacional si a las provincias les va mal, y viceversa.
“¿Cómo no va a haber provincias inviables si nos están federalizando los gastos y centralizando los recursos?... Debemos invertir la discusión y plantearnos qué misiones y qué funciones tiene hoy la Nación y cuántos recursos maneja para esas misiones y funciones, que constituye la discusión principal. También debemos preguntarnos qué misiones y qué funciones tienen las provincias, que están vinculadas con la calidad de vida de la gente, y con qué recursos cuentan...”.
Hoy es la líder del gobierno la que a la hora de los fracasos se los carga a las provincias y a la hora de los aciertos y las mejoras se atribuye todo el crédito. No existe actitud más contraria al federalismo.
Recuerdo que lo decía también el anterior jefe de bancada oficialista, acusándonos de no reconocerle nada a esta gestión. Nos pedían que apoyemos el presupuesto, pero en verdad al gobierno le conviene lo contrario, si luego terminan repartiendo los recursos nacionales a diestra y siniestra. Terminan aprobando “reasignaciones” por miles de millones de pesos como lo hicieron hace algunos días con el decreto 1.170/2013.
Mientras por un lado el país ficticio crece, el país real se embarra en el terreno de las deudas y el letargo del desarrollo. Sólo reconociendo los problemas y actuando en consecuencia lograremos revertir la actual situación y consolidar las bases para un desarrollo integral a largo plazo que se vea avalado por cifras verificables
La subestimación de recursos y gastos ha desvirtuado completamente el sentido de la llamada “ley de leyes” para convertirlo en un trámite prácticamente sin sentido, ya que luego se realizan modificaciones sistemáticas que desvirtúan completamente lo pronosticado.
Alguien hoy más temprano repetía la frase de la presidenta: “No esperen que prometamos cosas que no vamos a cumplir”. Son los que nos piden responsabilidad.
Bueno, acá van algunas de las promesas incumplidas
- Prometieron traje a rayas para los evasores y los beneficiaron con el blanqueo
- Prometieron un tren bala a Rosario y Córdoba. Prometieron el desarrollo ferroviario en todo el país. Hoy los trenes no pueden avanzar fuera del conurbano bonaerense.
- Prometieron el tren de los Pueblos Libres que uniría la Argentina con el Uruguay y se rompió al par de meses.
- Prometieron varias veces el gasoducto del NEA que sigue sin concretarse.
- Prometieron a través de una cadena nacional una cuestión frívola para la mayoría de los argentinos, como la vuelta de la Fórmula 1, y encima nunca lo realizaron.
- Prometieron una reforma política y avalaron candidaturas testimoniales.
- Prometieron soberanía energética y le entregaron la producción a Chevron.
- Prometieron la central Atucha II y todavía no funcionó.
- Prometieron trabajar por los jubilados pero les negaron las sentencias y les vetaron el 82 % móvil.
- Prometieron la redistribución de la pobreza y hoy la población más rica gana 22 veces más que el 10 por ciento más pobre, cuando en 1994, durante el menemismo, era 3 veces menos.
- Prometieron una Corte Suprema ejemplar y se la intentaron llevar puesta.
- Prometieron no criminalizar la protesta pero reprimieron en Santa Cruz a los docentes.
- Prometieron la Ley de Glaciares y Cristina la vetó porque antes le había hecho promesas a las multinacionales mineras.

Podemos seguir todo el día. Esa falta de responsabilidad que ustedes nos critican es la que la gente percibió en este gobierno en las últimas elecciones. Sienten que los han dejado de lado, que los han traicionado. Esa irresponsabilidad de saltearse los dictados de las instituciones y los reclamos del pueblo es la que les ha hecho perder el acompañamiento popular. Ya no pueden decir una cosa y luego hacer otra. El pueblo no los acompaña porque han traicionado su confianza, sus sueños y sus vidas.
¿Cómo creer en este presupuesto si ni siquiera la Secretaria de Hacienda cumple en pagarle la compensación anual que les corresponde por decreto a los trabajadores que lo confeccionan? Es decir, ¡no les pagan ni a los que hacen el presupuesto trabajando horas extras! ¡Y después quieren que creamos que van a cumplir con todo lo que dice el proyecto!
Es sólo un detalle que evidencia desde la génesis las gravísimas falencias deliberadas de este proyecto. Pero en los detalles está la esencia. Está la contradicción profunda y el cinismo que son diariamente maquillados por textos y anuncios grandilocuentes que nos llevan a gastar gran porcentaje de nuestros recursos en subsidios y a postergar el desarrollo.
El presupuesto carece de sentido desde el momento en que la mayoría de los sectores de la economía están coaccionados por algún funcionario o alguna directiva presidencial que les dice lo que tienen que hacer. Y ni así les cierran los números. La gente pregunta por qué existe una inflación del 10 % pero en las paritarias el gobierno otorga aumentos por encima del 20 % y tampoco les alcanza el sueldo. Lo peor que pueden hacer es subestimarlos.
Y hoy, que tratamos cómo vamos a financiar el país el año que viene, que vamos a definir qué calidad de vida queremos para el país, no les importa. Esa irresponsabilidad la van a pagar cara en octubre. Y ya va a ser demasiado tarde.

 


 


 

 

 


 

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